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Evangelio del Dia.

Febrero 2012
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Miercoles 1 - San Severo.
¿Quién le ha dado esa sabiduría y esa capacidad de hacer milagros?.
Lecturas: 2Sam 24,2.9-17;
Salmo: Sal 31;
Jueves 2 - Presentación del Señor.
Mis ojos han visto a tu Salvador
Lectura: Mal 3,1-4;
Salmo: Sal 23; Heb 2,14-18;
Viernes 3 - Santos Blas y Oscar.
Pídeme lo que quieras y te lo daré.
Lectura: Eclo 47,2-11.
Salmo: Sal 17.
Sábado 4 - San Gilberto.
Andaban como ovejas sin pastor.
Lectura: 1Re 3,4-13.
Salmo: Sal 118.
Domingo 5 - V del Tiempo Ordinario
Se le quitó la fiebre y se puso a servirlos.
Lectura: Job 7,1-4.6-7.
Salmo: Sal 146; 1Cor 9,16-19.22-23.
Lunes 6 - San Pablo Miki y compañeros
Y todos los que lo tocaban quedaban sanos.
Lecturas: 1Re 8,1-7.9-13.
Salmo: Sal 131.
Martes 7 - San Ricardo.
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios y siguen la tradición de los hombres
Lectura: 1Re 8,22-23.27-30.
Salmo: Sal 83.
Miércoles 8 - San Jerónimo Emiliani.
Lo que sale de su interior es lo que mancha al hombre.
Lecturas: 1Re 10,1-10.
Salmo: Sal 36.
Jueves 9 - Santa Apolonia.
Vete, que, el demonio ha salido de tu hija
Lectura: 1Re 11,4-13.
Salmo: Sal 105.
Viernes 10 - Santa Escolástica
Effetá (que significa: ábrete).
Lectura: 1Re 11,29-32; 12, 19.
Salmo: Sal 80.
Sábado 11 - Nuestra Señora de Lourdes.
La gente comió hasta quedar satisfecha
Lectura: 1Re 12,26-32;13, 33-34.
Salmo: Sal 105.
Domingo 12 - VI del Tiempo Ordinario .
Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio.
Lectura: Lv 13,1-2. 44-46.
Salmo: Sal 31; 1Cor 10, 31-11,1.
Lunes 13 - Santa Beatriz.
Les aseguro que a esta generación no se le dará ninguna señal
Lectura: St 1,1-11.
Salmo: Sal 118.
Martes 14 - Santos Cirilo y Metodio.
¿Y aún siguen sin comprender?.
Lectura: St 1,12-18.
Salmo: Sal 93.
Miércoles 15 - Santos Faustino y Jovita.
¿Ves algo?
Lecturas: St 1,19-27.
Salmo: Sal 14.
Jueves 16 - San Elías
Y según ustedes ¿Quién soy yo?
Lectura: St 2,1-9.
Salmo: Sal 33.
Viernes 17 - Siete Santos Fundadores.
¿Qué puede dar uno a cambio de su vida?.
Lectura: St 2,14-24.26.
Salmo: Sal 111.
Sábado 18 - San Eladio.
Se transfiguró delante de ellos.
Lectura: St 3,1-10.
Salmo: Sal 11.
Domingo 19 - VII del Tiempo Ordinario.
Hijo, tus pecados te son perdonados..
Lectura: Is 43,18-19.21-22.24b-25.
Salmo: Sal 40; 2Cor 1,18-22.
Lunes 20 - San Eleuterio.
¡Generación incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar entre ustedes?.
Lectura: St 3,13-18.
Salmo: Sal 18.
Martes 21 - San Pedro Damiani.
¿De qué discutían por el camino?.
Lectura: St 4,1-10.
Salmo: Sal 54.
Miércoles 22 - Miércoles de Ceniza.
Tu Padre, que ve en lo escondido te lo pagará.
Lecturas: Jl 2,12-18.
Salmo: Sal 50; 2Cor 5,20-6,2.
Jueves 23 - San Policarpo.
El que pierda su vida por mi causa la salvará.
Lectura: 2Dt 30,15-20.
Salmo: Sal 1.
Viernes 24 - San Rubén.
Cuando se lleven al novio, entonces ayunarán
Lectura: Is 58,1-9.
Salmo: Sal 50.
Sábado 25 - San Néstor.
Dejándolo todo, se levantó y lo siguió.
Lectura: Is 58,9-14.
Salmo: Sal 85.
Domingo 26 - I de Cuaresma .
Arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia.
Lectura: Gn 9,8-15.
Salmo: Sal 24; 1Pe 3,18-22.
Lunes 27 - San Gabriel de la Dolorosa.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de los cabritos.
Lectura: Lv 19,1-2.11-18.
Salmo: Sal 18.
Martes 28 - San Oswaldo.
¡Padre nuestro que estás en el cielo!.
Lectura: Is 55,10-11.
Salmo: Sal 33.
Miércoles 29 - Beata Antonia de Florencia.
Así lo será el Hijo del Hombre para esta generación.
Lecturas: Jon 3,1-10.
Salmo: Sal 50.
EVANGELIO - Mc 6,1-6.

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas, ¿no viven con nosotros aquí?». Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.
COMENTARIO.

Los paisanos de Jesús se harían estas preguntas, pues no saldrían de su asombro. El hijo de María y José, ¿desde cuándo es testimonio vivo de Dios? La cerrazón del corazón es la que impide el actuar en ellos los milagros y las acciones que en otros sitios había hecho Jesús. Desconocemos la acción de Dios cuando cerramos nuestro corazón a su llamado, cuando nos sentimos sanos estando enfermos, cuando nos resignamos a vivir mediocremente, cuando nos creemos no necesitado de Dios creyendo estar cercanos a él cada vez estamos más lejos dado nuestro orgullo y autosuficiencia. Creemos que no podemos aprender de la experiencia de los otros porque siempre son tan poca cosa para nosotros.
EVANGELIO - Lc 2,22-40.

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: ?Todo primogénito varón será consagrado al Señor?, y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: ?un par de tórtolas y dos pichones?. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban, con el niño Jesús, sus padres para cumplir con lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: ?Ahora, Señor, según tu promesa puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel?. Su padre y su madre estaban admirados por lo que decía del niño. Simeón los bendijo diciendo a María, su madre: ?Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma?. Había tambié1n una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.
COMENTARIO.

La centralidad del evangelio que hoy proclamamos está en la persona de Jesús. Ana y Simeón son representantes de todo un pueblo que esperaba ansioso la venida del Mesías, aquel que será la gloria de Israel y luz de los paganos. Anhelos profundos de Dios, anhelos de liberación que brotan de un corazón paciente son los reflejados por estos ancianos, quienes representan la espera paciente y confiada de una humanidad que anhela esa presencia definitiva de Dios, ese encuentro definitivo de Dios con su pueblo. Descubrir la luz que no se puede extinguir, la luz que nunca se apaga, la luz que ilumina toda oscuridad es el reconocimiento de este hombre cuya vida ya estaba próxima a extinguirse. Igualmente, ese niño será signo de contradicción, ya se insinúa el rechazo de que será objeto Jesús por parte del judaísmo oficial. Mirada profunda al templo de nuestra existencia para reconocer en él la presencia de Jesús, el Mesías, el Señor.
EVANGELIO - Mc 6,14-29.

Pídeme lo que quieras y te lo daré En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: «Juan Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él, poderes milagrosos». Otros decían: «Es Elías». Otros: «Es un profeta como los antiguos». Herodes, al oírlo, decía: «Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado». Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Felipe, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan e intentaba matarle; pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino». Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?». La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista». Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista». El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.
COMENTARIO.

He ahí una de las grandes tentaciones que ha afectado a la humanidad a lo largo de la historia. Creernos como Dios, sabernos que todo lo podemos realizar, que todo está al alcance de nuestras manos, por la inmensidad de nuestra fortuna, por el poder que se detenta, por el liderazgo que se ejerce. Riquezas, honores y soberbia ahogan nuestro ego, encegueciendo nuestro pensar y quedando a merced de nuestros caprichos. Jugamos a ser Dios. Envueltos en tal atmosfera realizamos los actos más aberrantes, tomamos las más absurdas decisiones y nos dejamos seducir por los más innobles ideales. He ahí las causas que llevan a Herodes a actuar contrario a su corazón pero de acuerdo a su imagen de "dios" que había ya empeñado su palabra y cuyo juego tenía que continuar.
EVANGELIO - Mc 6,30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: «Vengan ustedes solos a un sitio tranquilo a descansar un poco». Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en la barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todos los pueblos fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y sintió compasión de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.
COMENTARIO.

El pan que Dios nos da es su carne para la vida del mundo. Signo de vida es la abundancia de pan, el tener pan para todos, el comer hasta hartarse. En un mundo entregado al consumismo y al confort de unos pocos, donde todavía por parte de la mayoría se padece de hambrunas, donde la miseria y la pobreza galopan victoriosas por los países del tercer, cuarto, quinto y sexto mundo. Esta acción de Jesús es un acto profético de justicia que nos desenmascara, denunciando de manera decidida el acaparamiento de riquezas en manos de unos pocos y anunciando la irrupción del reino que trae consigo la liberación. El pan no es para unos pocos, para los escogidos, para los seleccionados, para los puros. El pan es para la muchedumbre la cual come hasta hartarse. Pan y pan en abundancia es vida que reclama vida..
EVANGELIO - Mc 1,29-39.

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; se lo dijeron a Jesús y él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al atardecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se fue a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron:«Todo el mundo te busca». Él les respondió: «Vamos a otra parte, a los pueblos cercanos, para predicar también allí; que para eso he venido». Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios..
COMENTARIO.

La presencia de Dios en nuestras vidas es fuerza transformadora. La acción de curar por parte de Jesús va más allá de la sanación, de recobrar la salud. Jesús lleva a la conversión de corazón, esto significa a un cambio de actitud, a un compromiso con la realidad, con los otros y con lo otro. El encuentro con Jesús nos desinstala haciéndonos nuevas creaturas, capaces de aceptar el riesgo de apostarle la vida a favor de los demás. Es lo que verificamos en la suegra de Pedro. Su curación fortifica su existencia, ánima su vida, restaura sus fuerzas y la lleva a la acción del servicio. Nuestra vida cristiana nos hace donar la vida al servicio de la humanidad. Nuestra vida de seguimiento a Jesucristo es una vida de servicio a favor de la vida.
EVANGELIO - Mc 6,53-56.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, después de atravesar el lago llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, algunos reconocieron enseguida a Jesús, y se pusieron a recorrer toda la región; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y aldeas, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban quedaban sanos.
COMENTARIO.

Desde quienes compartieron la vida con Jesús hasta nosotros hoy vivimos con el deseo de poderle tocar. Poder compartir con él nuestras vidas, cuánto más hacerle confidente de nuestros sufrimientos y de nuestras dolencias. La relación con Jesús, el encontrarnos con él cara a cara, el poderle abrir el corazón desde la intimidad de nuestras vidas nos hace sabernos por él sanados. Se trata de buscarle, se trata de salir a su encuentro, se trata de abrirle la puerta. Llegó el momento de abrir nuestro corazón. Quedar limpios y sanos de nuestra enfermedad no es un acto de magia, se trata de la acción amorosa de Dios que desde el interior nos hace descubrir la grandeza de nuestra dignidad humana.
EVANGELIO - Mc 7,1-13.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos meticulosamente, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas. Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?». Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, como está escrito: ?Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos?. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres». Y añadió: «Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios por guardar su tradición. Moisés dijo: ?Honra a tu padre y a tu madre? y ?el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte?; en cambio, ustedes dicen: Si uno le dice a su padre o a su madre: ?Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo?, ya no le permiten hacer nada por su padre o por su madre, anulando así la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido; y como éstas, hacen muchas otras cosas».
COMENTARIO.

Las palabras de Jesús ponen al descubierto las actitudes y acciones del corazón hipócrita de los fariseos. Colocarlos en evidencia es hacerles ver la manera absurda de su actuar. Queriendo glorificar a Dios alaban a los hombres y obedeciendo a los hombres desprecian a Dios. Se trata de desvelar la lógica del mundo que nos lleva a mostrarnos contrarios a la verdad, al buen juicio, a la justicia. Ante la lógica del reino que nos hace caer en cuenta del valor de lo auténtico, de lo pequeño y escondido, de lo que no aparece para el mundo pero es valioso para Dios. El rechazo a la observancia solo externa y ritualista por parte de Jesús nos pone a nosotros hoy en evidencia sobre quienes puede recaer este mismo reproche: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
EVANGELIO - Mc 7,14-23.

En aquel tiempo, Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Escúchenme todos y entiendan: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga». Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: «¿Así que ustedes tampoco son capaces de comprender? Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro porque eso no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina». Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió: «Lo que sale de dentro, es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».
COMENTARIO.

La verdadera moral reside en el corazón del hombre y en la toma consciente de sus decisiones. Por ello no es lo que llega de afuera lo que nos hace impuros, sino aquello que brota de nuestro corazón. Siempre estamos tentados a señalar a otros como los culpables de nuestro pecado o mal comportamiento, siempre creemos que son los otros o lo otro lo que nos llevó a desviarnos del buen camino. Cuando en verdad es de nuestro propio corazón donde surgen aquellos actos y actitudes contrarias a la voluntad de Dios. Hemos de examinar el corazón desde lo ojos de Dios para no caer en culpabilidades morbosas de escrúpulos enfermizos que nos acaban de encerrar en nuestro pecado negándonos a la verdadera acción de Dios del perdón del pecado.
EVANGELIO - Mc 7,24-30.

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se postró a sus pies. Esta mujer era pagana, sirofenicia de nacimiento, y le rogaba que expulsase el demonio de su hija. Él le dijo: «Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perritos el pan de los hijos». Pero ella le respondió: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos, debajo de la mesa comen las migajas que tiran los niños». Él le contestó: «Por lo que has dicho, vete, que, el demonio ha salido de tu hija». Al llegar a su casa, encontró a la niña acostada en la cama; el demonio se había ido.
COMENTARIO.

Esta sería una verdadera oración de súplica y de intercesión ante Jesús, que hace la sirofenicia a favor de su hija enferma, poseída por un espíritu impuro. Sin embargo, se trata de una mujer pagana que interactúa con Jesús y abriendo a él su corazón se convierte en un testimonio de fe que sorprende y maravilla a quienes son testigos de tal acontecimiento. La fe de esta mujer viene a constituirse en modelo para los destinatarios de este evangelio de Marcos y por lo tanto para nosotros. Las acciones y palabras de Jesús llegan como consecuencia de una fe que lo logra cautivar por su naturalidad y su pureza.
EVANGELIO - Mc 7,31-37.

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, y fue hacia el mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le pidieron que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», que quiere decir: «Ábrete». Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la atadura de su lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
COMENTARIO.

Es el milagro que necesita el mundo. Es tal nuestra cerrazón de mente y de corazón que nos hemos ahogado y dejado envolver por las tentaciones del individualismo, el consumismo y el secularismo. Encerrados en nosotros mismos hemos endiosado a la razón, hemos opuesto la ciencia a la fe, le hemos dado la espalda a la vida. Somos como el sordomudo del pasaje evangélico. Sedientos de Dios hemos de acudir a Jesucristo para ser sanados por él, estamos necesitados de la liberación que aporta Jesucristo. Sentido del aliento del Espíritu que nos transforma y convierte en discípulos misioneros del amor.
EVANGELIO - Mc 8,1-10.

Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de esta gente; porque hace ya tres días que están conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos». Le respondieron sus discípulos: « ¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en un desierto, para que se queden satisfechos?». Él les preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes?». Ellos contestaron: «Siete». Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastos; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.
COMENTARIO.

La mirada de Jesús sobre la realidad y ante todo sobre la vida de los otros es siempre una mirada que nace de su amor misericordioso; he ahí la compasión que siente ante los demás, cuánto más ante el enfermo, el pobre, el desvalido, el hambriento. Surge su mirada de un corazón apasionado por la humanidad, es ese corazón que le lleva a reconocer de manera solidaria las carencias de la gente. Poder darse cuenta de lo que pasa, captar y percibir con los ojos del corazón es la acción propia de un corazón misericordioso. Es de los pocos pasajes que en referencia directa a la persona de Jesús, él mismo nos descubre su corazón: ?Siento compasión de esta gente?.
EVANGELIO - Mc 1,40-45.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús sintió compasión, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente:«No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». Pero él salió y se puso a pregonarlo y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba afuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
COMENTARIO.

Los milagros realizados por Jesús son manifestaciones de la irrupción del reino, ellos son un signo de la acción de Dios en la persona, que dan a conocer una doble acción. Por una parte, el leproso queda sano de su enfermedad, la lepra. Por otra, el quedar limpio en orden a su vida interior, capacidad de responder al mandamiento del amor. Del enfermo surge el reconocimiento de Jesús como capaz de curarle: se le acerca y le suplica de rodillas le cure. El gesto de Jesús es un acto de amor compasivo: extendió la mano, lo tocó y le dijo: queda limpio. Por parte del leproso, el reconocimiento, el acercarse a Jesús, su actitud suplicante, el respeto a su decisión: si quieres puedes limpiarme. De parte de Jesús, su amor misericordioso que cura, libera y salva. Explosión de un entusiasmo que lleva al sanado a divulgar lo ocurrido a pesar que le ha pedido no decirlo a nadie.
EVANGELIO - Mc 8,11-13.

En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: «¿Por qué esta generación reclama un signo? Les aseguro que no se le dará un signo a esta generación». Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.
COMENTARIO.

Piden los fariseos lo que no se les ha de conceder, porque surge dicha petición de un corazón doble e hipócrita, de un corazón mal intencionado, desde el deseo de hacer caer a Jesús en una trampa. Es así como Jesús se niega a ejercer el mesianismo espectacular y triunfalista que le proponen los fariseos y responde desde su talante profético advirtiendo a los suyos de todos los tiempos el no dejarse contagiar por la levadura de los fariseos. A lo largo de la historia se nos envuelve en ser mediáticos queriendo ofrecer señales y signos que atraigan por su impacto y repercusión, no es así en la dinámica del reino siempre lejana del ruido, el show y las apariencias. Cuántas falsas señales que a diario los medios de comunicación publicitan, difunden y alardean con sed de mesianismos que hoy son y mañana dejan de existir. En la búsqueda de profetas, que resultan falsos, inventados y creados sólo para un público con sed de espectáculo.
EVANGELIO - Mc 8,14-21.

Jesús volvió a embarcarse hacia la otra orilla del mar. Los discípulos se habían olvidado de llevar alimento, y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les recomendó: «Tengan cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes». Ellos comentaban: «Lo dice porque no tenemos pan». Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué comentan que no tienen pan? ¿Aún no comprenden ni entienden? ¿Es que tienen la mente embotada? ¿Teniendo ojos no ven y teniendo oídos no oyen? ¿No se acuerdan de cuando partí los cinco panes para los cinco mil? ¿Cuántas canastas llenas de trozos recogieron?». Ellos contestaron: «Doce». «¿Y cuántas canastas de sobras recogieron cuando repartí siete entre cuatro mil?». Le respondieron: «Siete». Él les dijo: «¿Y no acaban de entender?».
COMENTARIO.

Corazones obstinados que siendo testigos del actuar de Jesús no logran comprender. Por ello estas palabras resuenan con toda su fuerza queriendo constatar lo que sucede. Siguen con la mente cerrada, tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen. Se trata en verdad de un corazón embotado. La cerrazón del corazón que les hace obstaculizar la acción del reino. La pregunta de Jesús: ¿Y aún siguen sin comprender? Coloca en evidencia su testarudez y cerrazón de corazón que les hace resistentes al anuncio de la buena nueva del reino. ¿Será que también nosotros, luego de más de dos mil años, seguimos sin comprender lo que Dios ha venido haciendo en nosotros?
EVANGELIO - Mc 8,22-26

En aquel tiempo, Jesús y los discípulos llegaron a Betsaida. Le trajeron un ciego, pidiéndole que lo tocara. Tomando al ciego de la mano, lo sacó fuera del pueblo, y habiéndole puesto saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?». Él, alzando la vista, dijo: «Veo a hombres; me parecen árboles, pero caminan». Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a casa, diciéndole: «No se lo digas a nadie».
COMENTARIO.

Necesitamos ser curados de nuestra ceguera. Tal debe ser la petición unánime de esta humanidad que sigue indiferente ante la situación de nuestro mundo. No vemos la fuerza arrolladora de un Dios que clama vida ante una realidad de muerte, o la ansiada libertad en un mundo cada vez más esclavizado o un Dios que teje comunión en una realidad rota y fragmentada. ¿Ves algo? La respuesta es nada, o lo que es peor, hombres que parecen árboles que caminan. Necesitamos ser curados de nuestra ceguera. Poder ver con los ojos de Dios esta realidad que necesita nuestra acción, nuestro compromiso, nuestra inversión vital en poder hacer un mundo mejor. Necesitamos ver para trabajar a favor de un mundo que grita exigiendo nuestra presencia solidaria a favor de la vida.
EVANGELIO - Mc 8,27-33.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los pueblos de Cesárea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas». Él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías». Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días». Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».
COMENTARIO.

Respondernos por la persona de Jesús, allí en la intimidad de nuestra vida nos lleva a hacer una verdadera confesión de fe, como la hicieron sus discípulos. Pues no se trata de respuestas ya armadas y prefabricadas, respuestas artificiales, sistematizadas y técnicamente pensadas. Se trata de responder desde la sinceridad y humildad de un corazón que queda desnudo a los ojos de Dios. ¿Quién es Jesús para mí? ¿Qué ha significado en mi vida su presencia? ¿Cómo le he descubierto a lo largo de mi historia personal? Se trata del reconocimiento de ese Dios-con-nosotros, que en la persona de Jesús reviste características propias de cercanía e intimidad.
EVANGELIO - Mc 8,34-39; 9,1.

En aquel tiempo, Jesús llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? Quien se avergüence de mí y de mis palabras, en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre entre los santos ángeles». Y añadió: «Les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto que el reino de Dios ha llegado con poder».
COMENTARIO.

La vida del reino nos exige la entrega incondicional de nuestra existencia. Pues queriendo salvarla para el mundo la perdemos para el reino e invirtiéndola a favor del reino la salvamos para la eternidad. El camino del maestro es el camino del discípulo. Se nos invita a hacer de nuestras vidas, pro-existencias, vidas al servicio de los demás. Vidas para los demás. Vidas entregadas, desprendidas y fieles al Mesías. Lo más valioso que tenemos es nuestra vida, ella es la que es pedida en la respuesta al seguimiento de Jesucristo. Hemos de entregar la vida, darla, donarla, gastarla y desgastarla a favor de los demás. Se trata del amor oblativo que se hace sacrificio de entrega en la donación de cada jornada.
EVANGELIO - Mc 9,2-13.

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió únicamente con ellos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de una blancura deslumbrante, como nadie en el mundo podría blanquearlos. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Pedro no sabía lo que decía porque estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escúchenlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No cuenten a nadie lo que ustedes han visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos». Le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?». Jesús les respondió: «Elías vendrá primero y lo restablecerá todo. Ahora, ¿por qué está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Les digo que Elías ya ha venido, y han hecho con él lo que han querido, como estaba escrito.
COMENTARIO.

Presencia transfigurada: Jesús es el Mesías, he ahí el misterio revelado. Somos testigos de su acción creadora en nosotros y en nuestro derredor. Tomar conciencia, percibir, sentir a Dios en nosotros y en los demás; Dios crea habitando en la creatura, aconteciendo en ella, de ahí que la voluntad de Dios es el acto creador de Dios en nosotros. Jesús se presenta a los suyos como el Cristo. La fuerza actuante de Dios en él es a la manera de siervo, ser para los demás. Ha ido descubriendo a Dios como Padre, cuya relación de amor le lleva a responder de manera decidida a favor de los otros; manifestación de entrega generosa, donación humilde, actitud de abajamiento ante el pobre, el huérfano, la viuda, el leproso. Vaciamiento cotidiano al gastarse y desgastarse por los demás. El deseo de comprender que Jesús es el Cristo es reconocer en nuestra historia y realidad el lugar del encuentro con Dios. Proceso de vida que coloca su fuerza en la tradición: el monte alto, nos trae a la memoria el Sinaí, a Moisés y a Elías, la ley y los profetas, hitos de revelación y acción divina para el pueblo de Israel. Jesús es presentado como el nuevo Moisés, aquel que lleva a plenitud y da total cumplimiento de toda ley y toda profecía.
EVANGELIO - Mc 2,1-12

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaun, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni siquiera junto a la puerta. Él les anunciaba la palabra. Entonces, le llevaron entre cuatro un paralítico y, como no podían acercarlo a Jesús, a causa del gentío, abrieron el techo encima de donde estaba él y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados quedan perdonados». Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?». Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: «¿Por qué piensan eso? ¿Qué es más fácil decirle al paralítico: ??Tus pecados quedan perdonados??, o decirle: ??Levántate, coge tu camilla y anda??? Pues, para que vean que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados...». Entonces le dijo al paralítico: «Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa». Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron admirados y daban gloria a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual».
COMENTARIO.

La acción de Jesús es fuerza curativa, el perdón sana y salva. La acción de Jesús libera no sólo de todo tipo de enfermedad sino reconforta en el espíritu. Jesús da a conocer que Dios es Padre cuyo gozo está en perdonar. Jesús obra el perdón, lo ejerce y lo testimonia con su acción, da a conocer que dispone de este poder reservado a Dios. Acción profética que permanecerá grabada en el corazón de los espectadores. Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa, después de haberle perdonado los pecados: Hijo, tus pecados te son perdonados. Hecho transformador de conversión vital. El que antes era paralítico se ha levantado, ha asumido su enfermedad y se ha puesto en marcha hacia su hogar. En su interior rebosa un corazón convertido a causa del amor de Dios expresado en el perdón de sus pecados. El perdón de los pecados no sólo viene a ser condición previa de la vida nueva sino es tiempo de gracia para hacer realidad los valores del reino.
EVANGELIO - Mc 9,14-29.

¡Generación incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar entre ustedes? En aquel tiempo, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo. Él les preguntó: «¿Sobre qué están discutiendo?». Uno le contestó: «Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran y no han sido capaces». Él les contestó: «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo los tendré que soportar? Tráiganmelo». Y ellos se lo trajeron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?». Contestó él: «Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, compadécete de nosotros y ayúdanos». Jesús replicó: «¿Qué es eso de "si puedes"? Todo es posible para quien cree». Entonces el padre del muchacho gritó: «¿Creo; ayuda a mi poca fe!». Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: vete y no vuelvas a entrar en él». Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y el niño se puso en pie. Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: «¿Por qué no pudimos expulsarlo nosotros?». Él les respondió: «Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración».
COMENTARIO.

La fuerza del ateísmo nos envuelve, un mundo sin Dios, sin valores ni ideales, un mundo a merced de la teoría de turno, del sometimiento a quienes tienen el poder y manejan las armas, de espaldas al dolor y a las necesidades de los otros. Una generación incrédula es aquella que ciega a la dinámica del reino de Dios actúa contraria a la bondad, la trascendencia y el amor. ¿En quién creemos, cuándo afirmamos creer? Porque muchos somos incrédulos creyéndonos creyentes, muchos practicamos una fe de bolsillo o nos dejamos llevar por la creencia que hoy son y mañana pasan. Jesús reclama a su generación, como nos reclama a nosotros hoy. ¿Hasta cuándo tendré que estar entre ustedes? Pues si tuviéramos fe ya hubiéramos transformado el mundo.
EVANGELIO - Mc 9, 30-37.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaun, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutían por el camino?». Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que recibe a un niño como éste en mi nombre me recibe a mí; y el que me recibe a mí, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado».
COMENTARIO.

Siempre queriendo ocupar los primeros puestos, siempre la puja por ser el mayor, el de más, por destacarme, sobresalir, ser el más importante no importa que tenga que hacer para lograrlo, tal es el cometido del liderazgo en la lógica del mundo. Buscamos ser el más importante en casa, a nivel de familia, en el hogar, en la comunidad; el más importante en el trabajo, en el colegio, la parroquia o en la universidad; siempre? Sin embargo, Jesús da a conocer que para el reino la importancia está en ponerse de último, quien quiera ser el primero, que sea el último, se trata de aventajar a todos en el servicio, en hacerme pro−existencia, una vida al servicio de los demás, al servicio de los otros. Seguimos discutiendo porque el halago, las adulaciones, el encanto de creernos los más importantes nos enceguece y nos lleva a proceder de manera contraria a la dinámica del servicio.
EVANGELIO - Mt 6,1-6.16-18.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tengan cuidado de no practicar las buenas obras delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendrán recompensa del Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Les aseguro que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».
COMENTARIO.

He ahí la dinámica del Reino, lo que se realiza en lo secreto, en lo escondido, lo que se va construyendo sin hacer ruido. Tal es la dinámica del amor. Iniciamos un tiempo de gracia, la cuaresma es tiempo de conversión, tiempo de cambio, tiempo de compromiso, tiempo de dar una mirada a nuestro corazón para reconocer en él la obra de Dios. Cómo Dios nos ha venido amando en este tiempo, cómo ha venido haciendo de nosotros personas capaces de amar. No se convierte sino aquel que se siente amado, pues sólo el amor logra el milagro de la conversión. Al iniciar esta cuaresma hemos de responder allí en lo íntimo, en lo escondido de nuestro corazón ¿Cómo Dios me ha venido amando en este tiempo?.
EVANGELIO - Lc 9,22-25.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día». Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?».
COMENTARIO.

Como cristianos todos estamos llamados a seguir a Jesucristo, él es nuestro norte, el sentido de nuestra vida y existencia. ¿Qué me está impidiendo entregarme? ¿Qué hay en mí que me hace incapaz de darme con generosidad? ¿Qué afección en mi corazón hace que me sea imposible seguir al Señor en el aquí y ahora de mi vida? A ello es a lo que he de negarme. Tengo que descubrir cuál es ese obstáculo en lo profundo de mí que me está impidiendo darme con total libertad, para poder continuar mi caminar de discípulo misionero de Jesucristo. Desde la libertad de un corazón que ama, abrazo mi cruz para renovar hoy como ayer mi compromiso de seguimiento.
EVANGELIO - Mt 9,14-15 .

En aquel tiempo, los discípulos de Juan el Bautista, se acercaron a Jesús preguntándole: « ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo:«¿Pueden acaso estar de duelo los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces sí ayunarán».
COMENTARIO.

La presencia de Jesucristo en medio de una humanidad hambrienta y sedienta de Dios nos lleva a trabajar por dar y compartir el pan que aún hace falta en tantas mesas. El ayuno es la privación voluntaria de alimento en sentido afectivo y efectivo de solidaridad por dar pan a tantos hermanos y hermanas que carecen de él. Mientras el novio está con nosotros no podemos hacer otra cosa que trabajar con gozo y alegría en responder al dolor y sufrimiento del mundo. En tiempos en que nos arrebaten al novio nuestro ayuno es signo profético de hacer que llegue aquel día donde el pan sea para todos. Nuestra práctica penitencial de esta cuaresma se ha de traducir en signos reales de promoción de la justicia desde nuestra forma de ser y de actuar.
EVANGELIO - Lc 5,27-32.

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: «¿Porqué comen y beben ustedes con publicanos y pecadores?». Jesús les respondió: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores para que se conviertan».
COMENTARIO.

Tal es la acción de Leví, un pecador público. No tuvo reparo alguno en dejarlo todo y seguir a Jesús. ¿Qué ocurre en Leví para que obre de tal manera? Es la acción propia de quien ha sido tocado por Dios, de aquel que se ha sentido amado por Jesús. La mirada de quien llega al corazón, una mirada de amor, tal es la mirada de Jesús. Este tiempo de cuaresma que hemos iniciado ha de disponernos para poder sentir la mirada amorosa de Dios. Así como los que no tienen buena salud, tienen necesidad de médico, así nosotros tenemos necesidad de la justicia divina. Nuestra disposición y actitud es la de dejarnos encontrar por el Señor, dejarle descubrir nuestro corazón y nuestra vida, Jesús ha venido a llamarnos, ¿Cómo no seguirle?
EVANGELIO - Mc 1,12-15.

En aquel tiempo, el Espíritu llevó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre las fieras salvajes, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: conviértanse y crean en el Evangelio».
COMENTARIO.

Así como el Espíritu llevó a Jesús al desierto, así el Espíritu nos concede este tiempo para poder tomar conciencia de nuestras tentaciones y poder hacerles frente con su ayuda e intercesión. La figura del desierto nos hace poder ver lo que, de ordinario, pasa desapercibido en el verde de los campos y en el frescor de los manantiales. La aridez y sequedad del desierto nos coloca de frente con el mal que nos seduce constantemente. Es tiempo de captar la acción de Dios en nosotros a nivel personal y colectivo, la cercanía del reino nos lleva a descubrir la fuerza de la presencia salvífica de Jesucristo en nuestras vidas la cual no podremos ver sino desde un corazón arrepentido.
EVANGELIO - Mt 25,31-46.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: ?Vengan ustedes, benditos de mi Padre; hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, fui forastero y me dieron hospedaje, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, en la cárcel y vinieron a verme?. Entonces los justos le contestarán: ?Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber? ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?, ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte??. Y el rey les dirá: ?Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, conmigo lo hicieron?. Y entonces dirá a los de su izquierda: ?Apártense de mí, malditos, váyanse al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y ustedes no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, fui forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y ustedes no me vistieron, enfermo y en la cárcel y no me visitaron?. Entonces también éstos contestarán: ?Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos??. Y él entonces les responderá: ?Apártense de mí, malditos, váyanse al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y ustedes no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber, fui forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y ustedes no me vistieron, enfermo y en la cárcel y no me visitaron?. Entonces también éstos contestarán: ?Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos??. Y él entonces les responderá: ?Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo?. Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna»..
COMENTARIO.

Seremos juzgados en el amor. He ahí la mirada de Jesucristo buen pastor, la cual se afincará no en lo poco o mucho que hicimos, en lo que realizamos o dejamos de hacer. O en lo religiosos y devotos que fuimos? Su mirada de amor se detendrá en aquellas oportunidades que tuvimos a lo largo de nuestra existencia para expresarles a los otros el amor, aquellas ocasiones que supimos aprovechar o aquellas que dejamos pasar para manifestar nuestro cariño, afecto, cercanía, solidaridad, praxis de justicia en una mirada, una palabra, un gesto que fueran transparencia de ese amor. El amor puesto más en obras que en palabras, más en dar que en recibir, más en comunicación y servicio se hace puerta de entrada para el reino.
EVANGELIO - Mt 6,7-15.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando oren, no usen muchas palabras, como hacen los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No hagan como ellos, porque el Padre de ustedes, ya sabe lo que a ustedes les hace falta antes de que se lo pidan. Ustedes oren así: ?Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal?. Porque si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes».
COMENTARIO.

He ahí nuestro Dios, el Dios de Jesucristo. Aquel Dios con quien hemos de encontrarnos y relacionarnos a diario. Nuestro Dios es un Padre, expresión de amor siempre presente ante nosotros. Tal es la vivencia de Jesús la cual fue experimentada tras largos momentos y tiempos de encuentro. ?Deus caritas est? no es el resultado de disquisiciones filosóficas o malabares mentales, de fuerzas trascendentes y energías de la gnosis. Nuestro Dios, el tuyo, el mío, el de Jesús es un padre de amor. Relación filial de intimidad y confianza de quien se siente hijo. Jesús al enseñarnos a orar quiere compartir con nosotros la filiación que como derecho propio le corresponde particularmente a él. Hemos de hacer de nuestra vida una escuela de oración, no perdamos oportunidad para encontrarnos con nuestro Dios.
EVANGELIO - Lc 11,29-32.

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».
COMENTARIO.

Jesús es el Hijo del Hombre. He ahí uno mayor que Jonás, uno mayor que Salomón, el mayor por excelencia. Jesús se levanta para su generación, para sus contemporáneos como la señal, el signo único y visible, captado por muchos y desapercibido para la mayoría, para aquella generación malvada que reclamando una señal no lo pudo reconocer. ¿Es Jesús el Cristo mi único absoluto, es para mi vida el signo elocuente, la señal inequívoca de mi manera de ser y hacer como cristiano? El reconocimiento del Hijo del Hombre incide de manera directa sobre mi vida siendo y haciéndose el norte de mi existencia, constituyéndose en el sentido y motivo último de todo lo que soy y realizo. O es Jesucristo el símbolo de esta generación o seguiremos corriendo tras baratijas, reclamando señales que nunca vendrán.
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