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Espiritualidad |
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| Jesús , Camino, Verdad y Vida. Escultura
en capilla paulina de Alba, Italia. |
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Jesús
maestro, Camino, Verdad y Vida.
Jesús dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la
vida: nadie viene al Padre, sino por mí (Juan
14:6). En el centro de nuestra vida y misión está
"Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida", con
Él nos encontramos en la Palabra y en la Eucaristía,
de esa forma nuestra vida se transforma en oración
y la oración en vida. La Eucaristía fundamenta
la comunión y la misión. Como Jesús,
también nosotras estamos llamadas a comunicar a todos
la alegría de un encuentro que ha transformado nuestras
vidas. "De la Eucaristía a la misión. Juntas
para comunicar el Evangelio hoy", es el corazón
de nuestra identidad paulina.
Nuestro ideal de mujeres consagradas es el mensaje de las
Bienaventuranzas, que intentamos vivir en forma radical, experimentando
en nuestra vida lo que nuestro Fundador nos recuerda: "La
Pobreza es la más grande riqueza, la castidad es el
más grande amor, la Obediencia la más grande
libertad".
- Al ser Jesús el Camino a seguir,
debemos obedecer su Palabra para no desviarnos o no tomar
otros caminos más fáciles que no conducen
a buen destino. La vida tiene buenos momentos y malos
momentos, lo importante es que Jesús nos ayudará
a confrontarlos de la manera correcta.
- Al ser Jesús la única Verdad,
quiere decir que "El que no vive para servir, no
sirve para vivir". El ser humano sólo es ser
humano cuando sabe amar tanto al prójimo como a
sí mismo. Es necesario valorar a tu prójimo
para vivir en paz con uno mismo y con el Señor.
- Al ser Jesús la Vida, quiere
decir que el cristiano no sólo debe admirar a Jesús,
sino tratar de vivir como Él vivió, con
sus mismas actitudes, con sus mismas opciones por el Reino
de Dios y por los pobres. La vida es un continuo amar
a Dios y sentirnos amados por Él. Somos felices
al amar y hacer felices a los demás y cuando recibimos
y damos amor, comprensión y acogida de los demás
y a los demás.
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San Pablo, Apóstol.
La vida y las enseñanzas de Pablo apóstol que
"viviendo en la intimidad de su Señor se desvivió
para anunciarlo a los pueblos", forma la trama de nuestra
espiritualidad. De este gran apóstol aprendemos a vivir
en Cristo llenas de agradecimiento, de sensibilidad universal
que nos hace abiertas, disponibles a todas las naciones y
a lanzarnos constantemente hacia la meta.
Saulo de Tarso, estudió bajo la tutela de su maestro
Gamaliel, desde muy joven, con firmeza y convicción,
estudio las tradiciones y leyes del pueblo judío, aunque
también moldeó un carácter soberbio.
Creyendo que los seguidores de Jesús traicionaban las
tradiciones de su pueblo, los persiguió a muerte, sin
piedad, ni compasión. Fue en esa persecusión,
camino a Damasco, que cayó ciego ante una fuerte luz.
Allí se encontró cara a cara con Jesús
resucitado.
Entonces escuchó una voz que decía: "Saulo,
Saulo ¿Por qué me persigues?". Saulo ya
ciego y desconcertado por el golpe que se había dado
al caer del caballo, sólo atino a decir: "Pero
¿quién eres tú Señor?". Y
la voz le respondió: "Yo Soy Jesús, a quién
tu persigues, ahora levántate, entra a la ciudad y
allí se te dirá lo que tienes que hacer".
El Señor le devolvió la visión a través
de Ananías quien le comunicó la Palabra del
Señor. Después de ser bautizado por Ananías,
adoptó el nombre de Pablo. Gracias a sus viajes, sus
cartas y las comunidades que ayudó a formar, se dio
origen a una gran fuente de enseñanza, esperanza e
incentivo para nuestra Fé. |
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| Maria, Reina de los Apóstoles . |
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María,
Reina de los Apóstoles
Percibimos el gran desafío de comunicar el Evangelio
con el mismo ardor y la pasión del apóstol Pablo,
y acompañadas por la ternura de María, Reina
de los Apóstoles. Nosotras, "Recorremos nuestro
itinerario de fe con María Reina de los Apóstoles
a ella le pedimos que nos introduzca en la escuela de Jesús
Maestro", pues en ella vemos "realizada de modo
ejemplar la donación integral a Dios y a los hermanos".
"María es la Reina de los Apóstoles
porque en ella se resume todo el itinerraio de un verdadero
apóstol. Desde la anunciación, en la que fue
escogida para ser la Madre del Hijo de Dios, nunca dejó
de dar a Jesucristo al mundo; fue hecha Madre nuestra y de
los Apóstoles por Nuestro Salvador en la cruz; estaba
con los Apóstoles mientras esperaban el descenso del
Espíritu Santo, obteniendo abundancia de bendiciones
sobrenaturales que recibieron en Pentecostés".
María permanecía con los primeros Apóstoles,
para cuidar, motivar y orar por ellos.
Los maternales cuidados de María se dirigen de manera
especial a los apóstoles –sacerdotes, religiosos
y religiosas y laicos consagrados- que continúan en
la Iglesia su misión de "dar a Jesús al
mundo". Y no sólo eso, sino que se convierte para
este escuadrón de personas en consejera, consuelo y
fuente de energías, como lo fue para los apóstoles
reunidos en el cenáculo a la espera del Espíritu:
"María tiene el cometido de formar, sostener y
coronar de frutos a los apóstoles de todos los tiempos".
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